El Niño, La Niña y la baja del Río Paraná o el “Efecto Mariposa”

Un barco viaja en el río Paraguay, que fluye hacia el río Paraná, mientras la falta de lluvias en Brasil, donde el río se origina, ha hecho caer los niveles de agua, obligando a las embarcaciones de carga a reducir la cantidad de granos que transportan para su exportación (Reuters)
Un barco viaja en el río Paraguay, que fluye hacia el río Paraná, mientras la falta de lluvias en Brasil, donde el río se origina, ha hecho caer los niveles de agua, obligando a las embarcaciones de carga a reducir la cantidad de granos que transportan para su exportación (Reuters) (Cesar Olmedo/)

Los meteorólogos e hidrólogos coinciden en que las bajas lluvias, causadas por “La Niña”, que perturba las temperaturas, los ciclos de precipitaciones y los patrones normales de tormentas en diversas partes del mundo; fueron muy importantes en la región del Mato Grosso do Sul, que es donde encuentran sus orígenes los ríos Paraná y Paraguay. Ya desde el último trimestre de 2019 se comenzaron a observar signos de sequía en la zona.

Tanto “La Niña” como “El Niño” son variaciones cíclicas normales en las temperaturas de la superficie del mar, concretamente del Océano Pacífico tropical central y oriental, que han existido desde hace millares de años y que continuarán existiendo, sin que el hombre pueda interferir.

Durante el Siglo XIX y principios del XX, los científicos encontraron ciertas relaciones entre las inundaciones que afectaban a Perú y las grandes sequías que se daban en Australia, en simultáneo; pero es recién en 1969 que el climatólogo estadounidense Jacob Bjerknes logra explicar científicamente el fenómeno que se daba en el Océano Pacífico y repercutía en América del Sur (aunque, luego, se demostraría que también afecta a todos el mundo, en mayor o menor medida).

La deforestación en la eco región del Cerrado, la sabana brasileña que alberga la mayor biodiversidad del mundo y que constituye el ecosistema más grande del país después de la Amazonía, no es la causa originaria de la sequía y la consecuente disminución en el caudal de agua del complejo hídrico, pero sí agrava notablemente esta última situación.

Muy vinculado a esta problemática encontramos al Objetivo 15, que forma parte del Plan de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), enunciados por la ONU y cuyo cumplimiento se prevé para la Agenda 2030, el cual se propone gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y así impedir la pérdida de biodiversidad.

La tala en grandes volúmenes de árboles provoca, en líneas generales, que los bosques dejen de inyectar una inmensa cantidad de humedad en la atmósfera que luego se convierte en lluvia. Esto sí es una realidad, pero cabe aclarar que no es la única.

La tala en grandes volúmenes de árboles provoca, en líneas generales, que los bosques dejen de inyectar una inmensa cantidad de humedad en la atmósfera

Los fenómenos de “El Niño” y “La Niña”, íntimamente relacionados por ser uno el opuesto al otro, afectan drásticamente las condiciones climáticas desde hace más de 5.000 años, pero el calentamiento global de la atmósfera, producido por la contaminación con gases de efecto invernadero, con su consecuente aumento de las temperaturas globales, permiten esperar expresiones de los fenómenos “El Niño” y “La Niña” mucho más fuertes e intensos.

Convención Marco de la ONU

Es justamente para tratar el aumento de la temperatura global que en noviembre del corriente año que se celebrará en Glasgow, Escocia, la próxima reunión (COP 26) de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático. Entre los objetivos principales de esta Cumbre está el asegurar la meta “Carbono Global Cero” para el 2050 y así lograr un aumento de la temperatura global no mayor al 1,5°C. Un desafío enorme, sin duda, e impostergable.

Uno de los efectos de la crisis climáticas es la aparición de incendios no intencionales, que se manifiestan como un factor agravante para la preservación de la flora y la fauna autóctona de los humedales (EFE)
Uno de los efectos de la crisis climáticas es la aparición de incendios no intencionales, que se manifiestan como un factor agravante para la preservación de la flora y la fauna autóctona de los humedales (EFE)
(ROGERIO FLORENTINO ROGERIO FLORENTINO/)

En Argentina, hasta la fecha, esta etapa de sequía, que afecta a gran parte del territorio nacional, no muestra atisbo de mejoría para los próximos meses, esperándose para el trimestre agosto-octubre lluvias inferiores a las normales entre 40% a 50% para parte de la región de Cuyo y las provincias de Río Negro, La Pampa, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe,; y las regiones del Litoral y del NEA (datos actualizados por el Instituto Nacional del Agua- I.N.A. al 27 de agosto de 2021, con un horizonte al 31 de octubre de 2021).

Ahora bien, la problemática de la bajante extrema en la cuenca de los ríos Paraná – Paraguay y afluentes, se observa desde el comportamiento hidrológico histórico desde junio de 2019, cuando el caudal de agua ya comenzaba a mostrar cambios sensibles, tomándose la evolución hidrométrica de 1944 como el año de referencia para establecer los niveles del río Paraná en su tramo dentro del territorio argentino. En ese momento había alcanzado su menor profundidad en 70 años.

Si se analiza el informe periódico que presenta el Instituto Nacional del Agua (INA) sobre la situación actual en los diversos tramos de esta importante vía hídrica, se puede observar que la tendencia descendente en toda la cuenca va a continuar durante las próximas semanas, y con una tendencia similar incluso para el último trimestre del año.

Los especialistas tienen puestas sus esperanzas en las lluvias de verano para mejorar la situación del tráfico fluvial por la hidrovía

Los especialistas tienen puestas sus esperanzas en las lluvias de verano para mejorar la situación del tráfico fluvial por la hidrovía, sin embargo, aclaran que “el Río Paraguay responde más rápido porque no hay represas, el Paraná tarda más en responder: tanto en bajar como en crecer”.

Efectos del fenómeno

Mucho se dice de los efectos económicos y sociales, pero el ecosistema que se desarrolla en la cuenta hídrica y los humedales sufre un estrés enorme. Uno de los efectos es la aparición de incendios no intencionales, que se manifiestan como un factor agravante para la preservación de la flora y la fauna autóctona de los humedales. El fuego en el Delta del Paraná, en 2020, acabó con la quema de 300.000 hectáreas y un costo diario mayor a $10 millones para sofocarlos.

En su estado normal la turba (material orgánico que se forma debajo de los humedales) está saturada, generándose un ambiente sin oxígeno que da lugar a la producción de metano, también conocido como “gas de los pantanos”. Cuando la turba permanece cubierta por el agua, ésta funciona como radiador, conteniendo el gas bajo una capa de arcilla.

El problema aparece cuando el río empieza a descender dejando a la turba expuesta. El gas se va liberando, levanta una temperatura que lo hace inflamable (Reuters)
El problema aparece cuando el río empieza a descender dejando a la turba expuesta. El gas se va liberando, levanta una temperatura que lo hace inflamable (Reuters) (Cesar Olmedo/)

El problema aparece cuando el río empieza a descender dejando a la turba expuesta. El gas se va liberando, levanta una temperatura que lo hace inflamable encendiéndose espontáneamente ya que funciona como un combustible. Una vez generado el fuego, éste se va multiplicando. Al apagarse un foco, aparece nuevamente otro a corta distancia dando lugar a lo que se conoce como “fuegos zombies”, porque estaban apagados y por condiciones del metano vuelven a encenderse.

Así entonces, se puede apreciar la complejidad de una situación que de lo climático deriva en consecuencias sociales, ambientales y económicas.

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