Gabriel Deck: el “Chango” de raíces fuertes

Cuando el 28 de agosto de 2004 la selección argentina de básquet escribía la página más gloriosa de su historia, Gabriel Deck correteaba detrás de una pelota hecha con medias, emulando a algún jugador de fútbol de River, el club del cual es hincha toda su familia, en su “amada” Colonia Dora. En aquel momento, difícilmente se le cruzara por la cabeza que años después, con una carrera deportiva de ensueño, se consolidaría en el seleccionado argentino de básquet y a los 26 años participaría de sus segundos Juegos Olímpicos. Fanático del fútbol y compinche de su hermano Joaquín, “Tortu” empezó a “seguirlo” en esas tardes de juegos por las tranquilas calles de su pueblo natal. Poco a poco, le fue agarrando el “gustito” y a los 13 años decidió darle más “importancia” a lanzar al aro que a patear al arco.

“Mi hermano, que jugaba muchísimo al básquet, me quería llevar siempre y me ha costado bastante poder iniciarme porque tenía la pasión por el fútbol. Pero a medida que iba viendo partidos en la televisión o la selección, o partidos viejos que ponían mis amigos que estaban más metidos, me iba entusiasmando”, relata “Gabi” Deck. Y lo hace con esa cadencia del acento santiagueño, con esa tonada que conserva tan profundamente como su simpleza y el amor por el pago.

A los 13 ó 14 años dejó de lado el fútbol y, como él mismo define, “se empezó a meter más en el mundo del básquet”. Pero aquella época de tardes enteras compartidas con los amigos y su hermano, con quien fueron el uno para el otro, “sentaron” las bases del hombre que es hoy. “Tengo los mejores recuerdos a pesar de que me he ido siendo muy jovencito; recién iba a cumplir 14 años cuando he tenido que ir tomando esa decisión muy grande, dejando amigos, familia y todo lo demás. Pero lo que recuerdo de ahí es la base de lo que tengo hoy en día y que me hace volver cada año que termino una temporada a Colonia Dora. Ha sido una infancia muy feliz”, describe a Mundo D desde Las Vegas, donde el seleccionado argentino realizó la puesta a punto en la previa de los Juegos Olímpicos Tokio 2020.

El basquetbolista de Colonia Dora en un zoom con Mundo D, desde Las Vegas, donde la selección argentina realizó la puesta a punto final de cara a Tokio 2020. (La Voz)

Colonia Dora está ubicado a 160 kilómetros al sudoeste de la capital santiagueña y a seis del río Salado, en donde el basquetbolista sigue disfrutando de la pesca. Ese “pueblito” de unos 10 mil habitantes sigue siendo su refugio. “Nos conocemos todos, es muy tranquilo y lindo, muy familiero. Hay mucha amistad en el barrio, en los vecinos y eso es muy lindo”, describe el subcampeón del mundo en Japón 2019 y afirma que volver a Colonia Dora es recargar energías para afrontar los nuevos desafíos. Es allí donde se nutre para que el “extrañar” sea más llevadero.

Gabriel

“Volver y reencontrarme con la familia, los amigos de siempre, tomar un mate o compartir un asado son cosas que me llenan muchísimo y por eso siempre tomo la decisión de ir para allá. A pesar de que me ha tocado irme de muy chico, siempre he conservado todo como lo venía haciendo, mis amigos de siempre, mi familia”, relata “Tortuga”, quien se ganó ese apodo porque cuando recién se había ido de su casa a Santiago del Estero extrañaba mucho, no quería entrenar y se la pasaba acostado, tapado, sacando la cabeza para afuera.

Gabriel Deck se reencontró con su amigo Facundo Campazzo en la selección nacional. (Cabb)

El jugador afirma que todo sigue igual que antes; él, también. “Gabi” conserva la tranquilidad y la simpleza de siempre, sigue siendo “el chango” que disfrutaba de esas tardes interminables en el pago o del mate y la mesa compartida con su familia. El mismo al que Ramón “Cochi” Jugo, cantautor y compositor santiagueño, le compuso una chacarera para homenajearlo.

El mismo que atesora entre sus recuerdos más fuertes el subcampeonato con la selección argentina en el Mundial de Japón. “Creo que ese fue el que más he disfrutado por el hecho de cómo se ha vivido. Llegar a la final de un Mundial no es poca cosa; las pocas expectativas que la gente tenía en el equipo y lo que hemos ido despertando ha sido algo hermoso”, recuerda.

Gabriel Deck jugando en el patio de su casa en Colonia Dora durante su niñez.

Desde que debutó en la Liga Nacional (con Quimsa, en 2010), “Tortu” construyó una exitosa carrera que lo llevó a pegar el salto a Europa y, luego, a la NBA. Pero las luces no lo deslumbran y sigue su camino con los pies en la tierra. “Cuando uno gana o llega a lo más alto siempre quiere volver ahí y superarlo, no se puede relajar”, define y asegura que esta condición también se está dando con el grupo y con cada jugador que forma parte de la selección argentina.

El nuevo objetivo está cerca: Tokio 2020. “Tortu” ya vivió la experiencia olímpica en Río 2016 y así lo describe: “Una alegría inmensa, un sueño cumplido. Cuando han nombrado esa lista he tenido una felicidad enorme y, después, lo he disfrutado cada momento”.

Gabriel Deck, en la previa a su debut en Oklahoma City Thunder de la NBA, en abril de este año. (@teamtortuok)

En esos Juegos, Deck pudo compartir equipo con Ginóbili, Nocioni y Scola, tres de los referentes de la Generación Dorada. y asume que lo marcó muchísimo. “A todos los jóvenes nos han dejado la enseñanza de pelear hasta lo último; a pesar de ser grandes figuras, estaban ahí, representando a la selección, desde el día uno hasta el final”, cuenta.

Y agrega: “También era idolatría porque por ahí cuando uno es más jovencito le da miedo hasta hablar teniendo tantos monstruos enfrente, pero aprendíamos mirando lo que hacían. Ellos predicaban con el ejemplo”.

El lunes 26, a la 1.40 (hora de nuestro país), Argentina debutará en Tokio frente a Eslovenia y allí estará el santiagueño. “Ser olímpico es un orgullo muy grande. Será difícil no poder ir a alentar a otros argentinos pero hay que adaptarse y disfrutar. Trataremos de llevar a la selección a lo más alto. Es difícil pero no imposible. Este equipo ya lo ha demostrado”, cierra. Que así sea.

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