Mau y Ricky confirmaron su gran momento en Córdoba: “Este amor es de por vida”

Sábado a un la tarde, pleno horario de la merienda. Una pequeña multitud se acerca a Quality Espacio para acompañar la primera de dos funciones del que es, sin demasiados competidores a la vista, el show internacional de este 2021 en la ciudad de Córdoba.

Los protagonistas son Mau y Ricky, hermanos venezolanos (hijos de Ricardo Montaner, por si hace falta aclarar todavía) que han conquistado recientemente al público nacional como jurados de La Voz Argentina. Luego de un par de meses intensos de prime time televisivo, el dúo inició una gira nacional y Córdoba se convirtió en una parada obligada. La demanda obligó a agregar una segunda función, por lo que los Montaner encararon la primera de dos presentaciones sabiendo que hay que dejar un resto para la siguiente.

Luego de las canciones de Nano Mundano, desde Almafuerte, y de la apertura oficial a cargo de Nani, el público que colmó la función (la primera se vendió en cuestión de horas) se hizo escuchar tres veces antes de que el dúo subiera al escenario. Pero apenas el sonido de la máquina de humo delató los preparativos finales, la ansiedad se transformó en expectativa. A las 17.48 la publicidad de un Luna Park de Ricardo Montaner de abril del año que viene no llamó la atención. Luego, sí, los cuatro músicos de la banda tomaron sus puestos, los gritos y los teléfonos se alzaron, y Mau y Ricky hicieron su ingreso triunfal entre un beat latino y una guitarra de alma rockera.

Despliegue

Pese al horario poco habitual para un espectáculo que juegas con luces y puesta en escena de gran calibre, el aspecto técnico se lució desde el inicio. Con La boca, el dúo inició el concierto bien arriba. Pero no sólo por su ubicación en el nivel superior del escenario (junto al baterista y al tecladista), sino por su intención de ofrecer un espectáculo con energía y actitud sostenidas.

“Qué rico se la pasa en Córdoba”, se escuchó desde el escenario antes de La grosera, el segundo tema. “Hace mucho tiempo soñamos en volver”, dijo luego Mau al contarle al público los nervios que cargaba el dúo por la doble función de este sábado y la motivación que significaba escuchar a los asistentes cantando con entusiasmo sus canciones.

Ese fue otro de los puntos más destacados de lo visto en Quality: la variedad de públicos. Desde el ingreso estaba claro que no había un único perfil preponderante. Gran presencia femenina en formato salida de amigas, muchos niños y niñas junto a sus padres, familias, parejas. Todo un arco que demuestra el alcance que han logrado los venezolanos, y que se expresa también en los diálogos entre los cantantes en algunos momentos del show, que mantienen un tono de comedia familiar apto para toda esa amplia gama.

Después de Me enamora y Borrachos, llegó el turno del comienzo emo/punk-pop de 3 de la mañana, que demostró ser uno de los favoritos de los fans, sobre todo en el segmento rockero del final, con la banda exhibiendo su destreza. “¿Les gustó esa, no?”, bromeó Mau luego de la primera gran ovación de la tarde.

“Tuvimos shows lunes, martes, miércoles y jueves en Buenos Aires, viernes en Rosario, pero nos dijeron ‘esperen a llegar a Córdoba’”, planteó Ricky a una audiencia que respondió con brazos en alto y estallido general. Fue la previa adecuada para Recuerdo, que terminó con el hermano mayor luciéndose en la guitarra a pedido de su hermano.

Variedad

Tras media hora de show, el dúo preparó un momento acústico más que especial. Primero con la invitación a dos fans a subir al escenario. Y luego con la inclusión de Facundo Giovos y de Marcos Olaguibet, de La Voz Argentina, para cantar Perdóname.

Luego de dos canciones más en plan acústico, el segundo tramo del concierto inició con Mi mala y siguió con Mal acostumbrao, el más reciente lanzamiento del dúo junto a María Becerra, que parece haber entrado con fuerza en el corazón de los seguidores.

Más tarde, el plan de espectáculo familiar volvió a ganar protagonismo con un concurso entre ambos cantantes para ver qué sector del estadio Quality cantaba más fuerte. Con De música ligera, de Soda Stereo, ambos hicieron las pases luego de que Mau tomara la batería y Ricky hiciera lo propio con la guitarra.

Con esa formación, el dúo y su banda encararon Papás, que combinó el pulso reguetonero con un final a pura zapada, otra pista más que se relaciona con la elección detrás del logo metalero del dúo. Esa falta de prejuicios para ir de aquí a allá y esa suerte de playlist contemporánea que es el repertorio de Mau y Ricky se observan en sus colaboraciones, que no perdieron impacto pese a no tener a sus figuras invitadas.

Sin querer (que suma a Lali Espósito) y Ya no tiene novio (con Sebastián Yatra) marcaron el inicio del cierre. Tras presentar a sus cuatro versátiles músicos y ofrecer otro flash electrificado, Mau y Ricky le hablaron directamente a los niños presentes en el show, que destacaron su presencia con un recurso que sorprendió a varios “grandes”: con sus pies haciendo “bulla” sobre las tarimas de la platea. Ricky también hizo referencia a algunas letras “subidas de tono” y agradeció a los padres que confían en ellos y llevan a sus hijos a sus shows. “Ustedes conocen nuestro corazón”, añadió.

Con otra versión rockera, la de Fresh, el dúo hizo agachar a su público, que susurró la canción hasta que una cuenta de tres invitó a todo el mundo a saltar. Mau y Ricky saludaron, las luces se apagaron, pero había tiempo para algo más.

Con camisetas argentinas, los venezolanos regresaron y se acercaron al borde del escenario para apelar al contacto con la gente. “Sabemos lo difícil que es comprar una entrada después de una pandemia”, dijo Ricky. “Este amor es de por vida”, sentenció luego. Finalmente, y tras un breve fragmento de Amén, llegó la canción más esperada. Desconocidos, otra colaboración (con su cuñado Camilo y Manuel Turizo), terminó de levantar a un público que a esa altura había hecho locales a los Montaner.

La despedida llegó entre papelitos, colores en las pantallas y un nuevo fragmento con fuerza de banda de rock. “Dios bendiga a Córdoba”, dijeron los hermanos antes de irse a reponer energías a los camarines. Había que descansar para lo que venía: una segunda función agotada y la promesa de otro invitado muy especial.

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